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2.3
August 11, 2021

Deja de esperar “siempre” — el desafío de amar sin apego

Hoy regresamos la gatita de acojida de mi hija al refugio.  La hemos tenido por cinco semanas, pero se siente como si hubiera sido más tiempo. Tenía sus hábitos estrafalarios a los cuáles nos acostumbramos— Se escondía en la casa de muñecas de mi hija, saltaba en la cola del perro, cantaba su maullido chirriante cuando tenía hambre.

La directora del refugio estaba al frente de la oficina cuando llegamos. Ella le dijo a mi hija que ayudar a un animal es un trabajo muy importante y que todos lloran cuando regresan su animal.

Es un trabajo importante, un deber esencial, cuidar a algo—dejarte amarlo sabiendo que se va a ir.  En lugar de eso, la mayoría de nosotros nos decimos que va a durar para siempre.

Hacemos un trato con nosotros mismos:  Baja la guardia, ama libremente, y te prometo que nunca va a terminar. 

Ademas, los mejores sentimientos vienen de un lugar puro, que tiene longevidad. Pero no entendemos el punto: los cambios y las pérdidas están en todos lados, en todas las etapas. Es el patrón que fingimos que no existe.

Una amiga me contó sobre el corazón roto de su hija mayor. “Le dijimos que la vida la está preparando para algo mejor, que cada cosa sucede por una razón.”

No pude controlarme:  “Cada cosa sucede por una razón ¿de veras? Algunas pérdidas no tienen sentido, no tienen un lado bueno ¿sabes?”

Cuando los padres, las circunstancias, los niños no nacidos o los amores salen de nuestras vidas, a veces es el peor dolor que podemos sentir. El tiempo lo puede hacer menos agudo, pero no mejor.

Así, ¿qué tal si acogemos nuestras pérdidas continuas? ¿Qué tal si acudimos a servicios religiosos a nombrar nuestras pérdidas de la semana? ¿Qué tal si lloramos más abiertamente, más frecuentamente?

¿Qué tal si paramos de hacer compromisos de toda la vida, que son destruidos cuando sucede lo inevitable? ¿Qué tal si les decimos a las parejas que deben esperar abortos espantáneos, si les decimos a los niños que sus mascotas van a morir, afirmamos que lo que te hace feliz y satisfecho hoy no lo va a hacer en cinco años? ¿Qué tal si despedirnos y adaptar a los cambios fuera una habilidad que practicáramos?

Mi hija, a través de sus lágrimas, dice que es un día agridulce; necesitará unos días más para recuperarse. Su misión no fue apegarse por un largo plazo. Fue dar sustento, acurrucarse, jugar en la alegría de la gatita saltando, de amar mirarla crecer y ganar confianza, y asustar a los conejos (sí, tenemos demasiados animales en nuestra casa). Ella entendió, desde el principio, que nada fue prometido en cambio.

Y esa es la perspectiva que nos puede salvar, haciendo esta vida un poco más fácil: nada es prometido—ningún matrimonio, ningún hijo, ninguna estabilidad.  Todo que viene a nuestras vidas es un regalo que en algún momento, saldrá. Nuestro desafío es amar de todos modos—ligeramente, consiente de su fragilidad.

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Amanda Priestley  |  Contribution: 6,900